REFLEXIONES COVID19 XIV: PARAR. PENSAR. CAMINAR

¿Quién no ha tenido un encuentro incómodo con otra persona fuera de casa?

Te cruzas con un vecino paseando al perro o con otra persona comprando en el supermercado. La otra persona sigue caminando a una velocidad vertiginosa teniendo en cuenta que el 99% de la población no tiene prisa estos días. Tú tratas de alejarte mientras tiras de tu perro que no entiende tu cambio de rumbo, o empujas de un carrito de comida 180 grados. Escondes la cabeza, dejas de respirar, sientes un acercamiento excesivo, falta de control, miedo del contagio y un estrés que te cabrea.

A toro pasado, en ocasiones te quejas unos metros más tarde.

Quizás, incluso, calcules con tu ojo clínico si han habido mínimo 2 metros entre ese sujeto y tú.


Con lo fácil que sería pararse primero, señalar con el dedo en qué dirección se pretende avanzar, y establecer una estrategia, cada uno por el lado más próximo a su derecha. O primero pasa uno y luego el otro. Manteniendo 5 ó 10 metros de distancia. Seguros. Tranquilos.


Creo que es inherente de nuestro comportamiento humano "tirar pa´lante como los de Alicante". Al final, terminamos siendo como esas palomas que cuando ven un coche pasar, se lanzan hacia él en lugar de volar al lado contrario.


Lo cierto es, que este problema lo teníamos antes. Creo fehacientemente que el 99% de los accidentes de atropellos a ciclistas en la carretera, podría evitarse si se tuviese PACIENCIA.



Muchos accidentes ocurren cuando un coche avanza por un carril, se encuentra con ciclistas en la derecha y con un coche que avanza en el sentido contrario. En lugar de pisar el freno para esperar a que pase el coche que va en el carril contrario, hasta poder INVADIR el carril contrario y realizar el adelantamiento a los ciclistas con una distancia de seguridad. Lo que hace es pisar el acelerador. No aminora la marcha. No piensa que su deber es esperar. No piensa que no puede invadir el carril contrario. No piensa.

Y lo sé, porque me ha tocado vivirlo muchas veces. Siendo esa ciclista que pedalea por el arcén o el coche que avanza correctamente por el sentido contrario.

Pasa también en un cruce cuando no se respeta el ceda el paso o el STOP.

Pasa entre coches. Pasa entre coches con motociclistas.


Pasa también en pelotones ciclistas, cuando se llega a una rotonda y en lugar de frenar, sacar el pie de la cala, pisar suelo, esperar a que pase el coche que ya circula en la rotonda, pasan los compañeros. Lo peor es que si se va en pelotón, pasan los dos primeros que tiran del grupo pero no piensan en el pelotón que les sigue detrás mirando la rueda.


Pasa en las cafeterías y los restaurantes, entre clientes y camareros.

Pasa entrando y saliendo por las puertas.


Todo esto pasa porque nuestro cerebro está diseñado así. Gracias a una estructura que se llama HIPOTÁLAMO.



El hipotálamo regula múltiples funciones, entre ellas, está encargada de conectar los estímulos sensoriales que percibimos del exterior, con las neuronas que tenemos en la materia gris, responsables del razocinio. La materia gris es una zona en la corteza cerebral y en el interior de la médula espinal en la que se concentran los somas (los cuerpos) de las neuronas y sus dentritas. Éstas carecen de las vainas de mielina, que rodean a los axones y que permiten la transmisión de impulsos eléctricos. Por eso, todos los procesos en la materia gris son más lentos que los que ocuren con los axones.


Explicado de forma sencilla, nuestro hipotálamo está capacitado para generar respuestas motoras más rápidas que lo que nuestra capacidad de razonamiento es capaz de procesar. Por eso, ante una respuesta de miedo frente a una situación de estrés, el hipotálamo actúa primero. Por eso corremos primero hasta que tengamos tiempo de pensar.

El hipotálamo nos ayuda a sobrevivir hasta que nuestras neuronas en el lóbulo frontal del cerebro, encargadas de la resolución de problemas y el movimiento, tengan tiempo de procesar, comprender y aprender.


Por eso, las palomas vuelan hacia el coche. Por eso, muchos animales que están mirando hacia la carretera, salen corriendo metiéndose más en la carretera cuando oyen un coche venir.

Por eso, nosotros tiramos hacia delante primero, aceleramos hasta creer que nos hemos alejado del peligro y luego ya pensamos.


Pero, ¿Por qué seguimos haciendo esto cuando repetimos situaciones que ya hemos vivido? ¿Por qué aceleramos cuando ya sabemos que hay que frenar? ¿Por qué invadimos el carril contrario cuando todos nos hemos examinado en la DGT sabiendo que NUNCA tenemos la prioridad para invadir el carril contrario? ¿Por qué nadie se acuerda que en la escuela de conducir le enseñaron que en una rotonda o cruce, SIEMPRE TIENE PRIORIDAD EL DE LA DERECHA?

¿Por qué seguimos caminando cuando sabemos que tenemos que mantener una distancia de seguridad de varios metros? ¿Por qué nos acercamos a otra persona en lugar de parar y esperar para evitar el contagio?

¿CUÁNTAS VECES DEBEMOS REPETIR UN ERROR HASTA APRENDER?

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El cine es como una realidad disfrazada para crear una fantasía y celebrar una emoción, al igual que un caballo que se pone un sombrero de fiesta y parece un unicornio.

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